Capítulo 116

Alejandro permanecía sentado, inquieto, incapaz de quedarse quieto demasiado tiempo en un mismo lugar. A ratos se levantaba, caminaba hasta la puerta de la sala de cuidados y luego volvía sobre sus pasos, como si aquellos pocos metros pudieran darle alguna certeza. Detrás del cristal, su madre yacía débil, con el oxígeno cubriéndole la nariz y la boca. La escena le resultaba extraña, asfixiante, demasiado dolorosa para aceptarla.

En toda su vida, Alejandro jamás había visto a Doña Beatriz Cruz
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