Capítulo 90— No hay por qué temer
Narrador
—¿Y tú? ¿Tienes hijos?
Nebra negó con suavidad, pero el gesto instintivo fue más fuerte que cualquier palabra. Bajó la mirada y, sin pensarlo demasiado, pasó la mano por su vientre de forma casi protectora.
Mikaela se quedó en silencio por un segundo. Luego, sus ojos se agrandaron como platos y la cuchara cayó de su mano, rodando sobre la mesa.
—¡No me digas que estás embarazada! —exclamó, con una emoción tan genuina y desbordante que parecía haber rec