—¡Danilo! —Mary se despertó sobresaltada, el sudor perlaba su frente y un grito desesperado por el nombre que se había escapado de sus labios.
«¿Hasta cuándo, Mary? ¡Ya deja de pensar en él! Ni siquiera piensa en ti…».
Cuando volteó a su alrededor, la oscuridad de su habitación contrastaba con la pesadez de esa visión que la atormentaba. Con lentitud se incorporó en la cama, respirando agitada para intentar recuperar la calma mientras sus pensamientos se enredaban entre lo que eran sus sueños