El día no podía transcurrir de peor manera. El peso de la frustración y el desánimo rondaban a Mary, que estaba sentada en una de las bancas del parque más cercano a la empresa donde trabajaba, ni siquiera había querido almorzar con las colegas de trabajo.
Ese en definitiva era uno de esos días en los que todo parecía conspirar en su contra, y esta vez la consecuencia parecía ser justa y merecida. El fatídico encuentro con su jefe esa mañana había sido la guinda que decoraba su torta de desgrac