Danilo se encontraba en su despacho y en sus ojos se podía leer la determinación que henchía su pecho, pero también la desesperación en cada resquicio de su ser. Habían pasado veinticuatro horas desde que él se enteró sobre la desaparición de Mary, razón por la que él no se había detenido ni a comer ni a dormir. El joven millonario se sumergía más en esa encrucijada de buscar por cielo, mar y tierra a su amiga.
—Necesitamos al menos tres guardaespaldas más, Callum, no podemos fiarnos de lo poco