Capítulo 97: Secuaz del señor Martín.
Las palabras se me atoraron en la garganta. El hombre me miró con una sonrisa despampanante. Era el mismo hombre de la habitación de tortura, el empleado del señor Martín. Y el mismo hombre que me fracturó el dedo.
―Mira a quien tenemos por aquí. ¡Qué sorpresa! ―Me tomó de la muñeca y solté un chillido ahogado.
Pensé que me la rompería. No podía verlo sin pensar en su persona sobre mí, rompiendo mi dedo, amenazando con cortarlo. Tenía sujeta la misma extremidad que acababa de ser curada.
―D