Capítulo 18: Club campestre.
El líquido frío enchumbaba mi cabello, provocándome escalofríos. La mujer se encargaba de cubrir cada mechón con aquella sustancia olorosa. Me impacientaba estar quieta tanto tiempo. Luego de media hora, la estilista enrollo mi cabello en un gorro y por fin fui libre.
―Descansa una hora y luego vendré a enjuagarlo ―Me dijo la mujer con una amplia sonrisa antes de retirarse con otra clienta.
Me dejó una taza de té de frutos rojos. Luego de unos diez minutos de aburrimiento viendo a otras mujer