Tras una larga tarde practicando y hablando sobre el plan de mañana, la noche encuentra a Dania y Leander fundidos en los brazos del otro, con sus corazones latiendo al unísono. Él hunde la nariz en su cuello, inhalando su aroma, y con una mano en su vientre, sonríe. Near mueve la cola, y no pueden estar más felices.
—Podemos sentir su corazoncito, mi amor, es hermoso —murmura Leander, con el sentimiento atrapado en su garganta.
La castaña se eriza. Ella también quisiera escucharlo, pero no pued