Capítulo treinta y uno. ¡Espera, Amber!
Amber miró al hombre y de repente tuvo la sensación de estar frente al antiguo Thiago. Su mirada era fría y su pose rígida. No quedaba nada del hombre que la había visto con cariño.
—No iré —murmuró Amber—. ¡No iré! —gritó ante la pasividad mostrada por Thiago.
—No tienes permiso de faltar, si lo haces lo tomaré como abandono de trabajo y tendré que demandarte para dejar un claro mensaje al resto de los empleados —soltó Thiago—. Y tú, Maggi. Espera la visita de mi abogado y será mejor que no le