Capítulo treinta y dos. ¡Me has mentido!
Celos, esa era la palabra perfecta para describir los instintos asesinos que nacieron en el corazón de Amber. Esa chica era con quien seguramente Thiago había dormido la noche anterior, luego de salir del antro.
—¿Se puede saber lo que sucede aquí? —preguntó sin poder evitarlo. No podía por más que quisiera guardar la calma y guardarse sus celos.
Thiago elevó una ceja, pero su rostro no dejó de ser frío en ningún momento.
—¿Nadie te enseñó a tocar la puerta? —cuestionó Thiago haciendo que Amber