Capítulo ocho. Idiota y sexy jefe
«¡Para que no me culpes de tus insanos deseos!»
Aquellas palabras se repitieron en la cabeza de Thiago, torturándose por lo que había hecho. Pasó la punta de su lengua sobre sus labios y antes de que pudiera pensar en lo que hacía. Lanzó todo lo que estaba sobre su escritorio al suelo y en menos de dos minutos, aquella pulcra oficina había quedado como si un huracán hubiese pasado por ahí.
—¿¡Qué es lo que me has hecho!? ¡Tú no puedes gustarme! —gritó. Su respiración estaba agitada y una de sus