Por Antonella
Llegan al estudio Fabrizio con las niñas, quienes me saludan cariñosamente, como siempre.
Noté que Fabrizio tenía cinco dedos marcados, se había ligado un cachetazo, su piel era muy blanca, más en este momento que estábamos en otoño y no tomaba sol, aunque él nunca tomó demasiado, pero el verano pasado, en el campo y al estar bastante tiempo en la piscina, tenía un bronceado que le quedaba fenomenal.
Vuelvo a mirar su cara, posiblemente haya sido mi prima, quisiera saber que pasó.