Capitulo 47: Un aliado oculto lleva a cabo la misión de engañar al Virrey Euclides.
La cámara sagrada, antes helada y silenciosa como una cripta, ahora temblaba. Un pulso rítmico, como el latido de un corazón antiguo, emanaba del centro del salón.
—¡Está por despertar de la misma muerte, pronto lo tendré de regreso.!—
Euclides, con los ojos inyectados en sangre por el duelo, observaba con una mezcla de terror y éxtasis maníaco. A su lado, su mano derecha, con la cabeza aún incómodamente torcida hacia la izquierda, contenía el aliento. Sus planes de colaboración con Dorian y de