Llego al auditorio a las 7:28 de la mañana, aunque la competencia no empieza hasta las nueve. El cielo está pálido, indeciso, como si también estuviera esperando algo. Me detengo un momento afuera, con la mochila pesando sobre mi hombro y el estómago tenso por unos nervios que no quieren desaparecer. Me digo que está bien. Que llegar temprano es señal de preparación, no de miedo.
Dentro, el edificio ya está despierto.
Las voces rebotan en el vestíbulo, cargadas de café y ansiedad. Los estudiant