Albeth.
Al llegar a la mansión, entré sin decir una sola palabra. Mi tía, al verme, se encogió de hombros y desapareció por el pasillo de la cocina. Exhalé, soltando el aire contenido en mi pecho. El día había sido agitado; la empresa estaba evolucionando rápidamente, especialmente el restaurante en Rivas. Por eso tenía un viaje previsto en estos días. Subí a mi habitación, dejé mi maletín sobre la mesa, entré al cuarto de armario y me quité toda la ropa, dejándola en el cesto de ropa sucia. Me