Olga salió de su habitación como una ladrona.
Entró silenciosamente en el estudio y, tras asegurarse de que no había nadie, abrió rápidamente la caja fuerte y sacó los documentos para hacerles una foto.
Todo el proceso fue muy natural y fluido.
A la mañana siguiente dijo: —Mamá... Hoy tengo que ir al hospital a hacerme la diálisis.
Olga fingió estar débil y le dijo a mi madre: —¿Puedes transferirme quinientos mil dólares?
—Por supuesto. —Mi madre aceptó sin vacilar y completó rápidamente la tran