Tres meses después.
Han pasado tres meses, y aún me despierto con pesadillas diarias en las que veo como mi padre mata a mi madre de un certero disparo. No sé si alguna vez superaré ésto, la verdad.
- Joven.- me dice Mariam con quien ahora vivo.- pásame el azúcar, odio que el café no esté bien dulce.
Le paso el pequeño bote de cristal, y vuelvo a sumirme en mis pensamientos, aunque sé que pronto Mariam intentará sacarme del lugar oscuro en el que se encuentra mi mente.
Cuando salí corriendo de