Estaba agotado, no podía definir la situación de ninguna otra manera. Sentía los miembros faltos de movilidad, y la cabeza estaba a punto de explotarme. Había pasado el día entero en mi despacho de la casa de la Manada, leyendo informes de seguridad, hablando con los miembros más importantes de mi manada, y no habíamos conseguido llegar a ninguna conclusión lógica sobre la culpabilidad de Esme. Había muchas pruebas contra ella, pero también algunas que parecían apuntar en otras direcciones.
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