Diana Rodrigues
Me quedé sin reacción. Me di cuenta de cómo se había deteriorado mi aspecto. Me miré al espejo y mi pelo tenía un aspecto horrible. La mujer elegante en la que me había convertido había desaparecido. Intenté arreglarme de nuevo, pero sin José, fue un intento fallido. Se me da fatal maquillarme y peinarme, así que no quiero ni pensar en lo que pensarán de mí los padres de mi marido. Al menos aquí tengo que llevar el velo, que ocultará mi pelo.
Hablando del velo, me pregunto si me