Diana Rodrigues
Me desperté con el móvil sonando por milésima vez. Estaba muy cansada del estrés del día y de la noche que había pasado. Pocas horas y tantos acontecimientos. Tardé en abrir los ojos para contestar al móvil que no paraba de sonar, y el nombre de Zyan se apoderó de la pantalla con la palabra mensajes y llamadas.
"Putz, me he olvidado de él -me pongo la mano en la cabeza-, tengo que ir al club a trabajar y no puedo llegar tarde. ¿Qué voy a hacer con él?
Lo único que puedo hacer ho