Cuando terminaron de comer, Randall Hamilton le dijo a la Nana que se llevara a las damas a su tocador mientras que él se iría con los caballeros hasta su biblioteca estudio.
Habían disfrutado de una sobremesa agradable, donde cada uno aportó a la conversación y al buen ambiente, y el destacado de la noche fue Erick, quien se sentía tan cómodo en un sitio extraño, por primera vez en su vida, que no dudó en hacer una petición que sorprendió a todos.
—Señor Hamilton —dijo mirando al viejo Randall