El beso se prolongó por varios minutos y cuando Patrick comenzó a sentir que se le iba la cabeza tras la corriente de pasión que sentía se separó de ella. La miró, sonrió y le dijo.
—Lo que dije: Tengo que regalarte algo todos los días para ganarme esos besos tan deliciosos que me regalas, Rachel. —le dijo contento.
Ella solo sonrió y el carmín de sus mejillas aumentó de tono.
—¿Me lo puedo llevar? —preguntó con algo de timidez.
—¡Pues claro, mi amor! —dijo riendo Patrick, pero era natural en R