Daphne
Es la segunda vez que escucho esas terribles palabras: “tenemos que hablar”.
No es que no sea consciente de que en realidad teníamos que hacerlo, sino que todavía no soy capaz de procesar el hecho de que realmente estoy embarazada. Me vuelvo a sentar en el sillón y suspiro pesadamente. Me duele el corazón de tan solo imaginar qué es lo que dirá, porque ya puedo imaginarlo.
—Daphne, sabes bien quién soy —comienza su discurso—, por tema económico, yo no tengo ningún problema para permitirm