Capítulo 40. Soy una loba, no una adivina.
Dalila.
Desperté suavemente con una mano haciendo caricias agradables en mi cadera. Me estiré un poco y abrí los ojos a una habitación oscura. Habitación oscura… habitación oscura…
*Dormimos con Dylan. Estamos en su casa.
*Oh, cierto. Gracias, estaba por entrar en pánico.
Entonces escuchamos unos gorgojeos de bebé y las risas apagadas de dos lobas.
-Hola. – Dijo Dylan directamente en mi oído. - ¿Descansaste bien?
Y me acomodé para ver sus ojos en la oscuridad.
-Si, gracias. Lo necesitaba… aunqu