26

Al verme todos me sonríen, los ojos de la señora Gabriela se humedecen y corre hacia mí.

Me da un gran, pero delicado abrazo, yo sé lo agradezco profundamente.

–Estoy tan feliz de que estés de regreso con nosotros–se separa un poco luego de varios segundos y observa mi rostro –¿tienes mucha hambre? 

Yo solo sonreí porque la verdad sí que tengo hambre.

–Vamos–me coge de la man

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