Capítulo 22. Una Seducción
―No, no es cierto. Usted es un pervertido. Yo no hice nada.

«Descarada»

El Duque soltó una ligera risa cuando su pequeña esposa ya tenía las mejillas rojas a punto de estallar en vergüenza. Tenía las mejillas infladas con enojo y no podía mirarlo directo a los ojos.

Albert la estudió de nuevo mientras la tenía en sus brazos, con su ligero vestido blanco y los listones que amarraban y detenían el frente del vestido. Era como si le lanzara miradas de peligro a ese listón blanco que descaradame
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