93.

El hombre tiró a Norah al suelo cuando la llama se extendió hasta subir por su espalda. Sin embargo, no parecía tan alarmado y solo se quitó la capa para tirarla al suelo. 

Norah se dio la vuelta para tratar de levantarse y correr, pero cuando vio al hombre, se quedó quieta. La capa que ocultaba su cabello plateado, sus ojos color zafiro y su cuerpo alto y fornido, se había consumido por completo con el fuego azul.

―¿Quién eres?

Norah nunca había visto un color de cabello semejante que no fuera el de ella o el de su padre. 

―No es necesario que sepas, pero debes venir conmigo.

―¿Por qué?

―Porque

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