Al parecer, Ema realmente no podía desmoronarse tan pronto. De lo contrario, en la familia Hernández, sus días futuros serían extremadamente precarios, y ¿quién se preocuparía por su futuro?
Mientras tanto, el doctor Martínez se encontraba solo en el hospital, empacando sus cosas y preparándose para dejar temporalmente México. De repente, sonó su teléfono que estaba en el escritorio. Al ver que era Clara llamando, el doctor Martínez sonrió y contestó de inmediato.
—Clara.
—Doctor Martínez, ¿toda