Pol rio despectivamente. —¿Asesinar a Juan por mí?
Juan. Ese era el nombre del apuesto hombre.
Esperanza recordó el rostro atractivo, con sus rasgos elegantes y una mirada maliciosa y seductora. Incluso había soñado con ese rostro, después de regresar de la discoteca aquella enredada noche. Era algo que casi le costaba creer.
—Si me pides que lo mate, lo haré con todo lo que esté a mi alcance—dijo Esperanza mientras sudaba copiosamente y apretaba sus dientes con malicia.
—Es el hermano de mi muj