Teófilo estaba sorprendido. —¿Ya no eres el presidente?
—Nunca quise ser presidente. Todo lo que hice fue por ayudar a Clara.
—¡Vaya, primo mayor, eres impresionante!
La nariz recta de Teófilo se acercó lentamente al perfil atractivo de Diego, y su aliento cálido se derramó sobre sus contornos bien definidos.
Diego se quedó por completo sin aliento, y sus dedos sintieron un pequeño hormigueo indescriptible, como una corriente eléctrica, mientras vertía algo de vino tinto de su copa, que cortó la