En la escalera de mármol blanco, Alejandro, con la mano izquierda en el bolsillo, destacaba en su impecable traje gris, caminando con elegancia y mirada concentrada, descendía los escalones uno a uno.
Jimena observaba a Alejandro, con su apuesto rostro lleno de arrogancia y encanto, tenía la boca entreabierta, olvidando incluso las lágrimas.
Este hombre era el sueño de todas las mujeres.
Incluso si tenía que dejar de lado su dignidad y orgullo, no había ningún problema en perseguirlo. ¡Tenía que