—¡Hijo! ¿Por qué de repente decidiste llamarme? — Enrique instantáneamente abrió los ojos y sonrió. Su tono era cálido y afectuoso, en completo contraste con su habitual actitud fría, orgullosa y distante.
Alejandro parpadeó sus largas pestañas. En su memoria, este hombre nunca había tenido una conversación tan cercana y paternal con él, ni siquiera lo había llamado cariñosamente hijo. Algo estaba pasando en su actitud cariñosa. Solo parecía mostrar ese lado cariñoso y paternal hacia Ema, su ama