¡Golpéalo! ¡Golpéalo sin piedad!
Incluso si no lo matan, desahogar su rabia es una buena opción.
En la sala de estar de la planta baja de Villa Mar, casi todos los sirvientes habían sido llamados y se alineaban en varias filas.
Leona había oído que Alejandro iba a recibir una paliza y estaba tan feliz que daba saltos de alegría. Incluso corrió a buscar a su hermana menor, Noa, a quien había estado a punto de olvidar.
—¡Oye, boba! — Leona empujó la puerta de la habitación, donde Noa estaba dibuja