Clara miró lentamente al hombre detrás de ella, su expresión era incómoda y su mirada sombría, sin rastro de simpatía. —Si no te parece cursi, a mí me parece repugnante.
—Es solo que no quiero, que estemos tan distantes—Alejandro sintió un escalofrío en el corazón, sin entender por qué ella estaba tan molesta de nuevo. No sabía cómo consolarla. Aunque era un exitoso presidente en el mundo empresarial y un experto en las cumbres internacionales de negocios, se sentía torpe e incompetente frente a