Alejandro y Pol se estremecieron al mismo tiempo y miraron a Clara.
Ambos tenían el corazón puesto en Clara y de inmediato se dieron cuenta de que ella estaba enfadada. Entonces, los dos unieron sus manos y se retiraron de la subasta.
No es gran cosa, ¿por qué enfadarse? Deja que pase, los dos pensaron.
—¡Felicidades, Srta. Pérez! ¡El collar es suyo!
El subastador también fue muy perspicaz y, sin esperar la reacción de los demás, puso el martillo y permitió que Clara se llevara la pieza subastad