Pero ella tenía una relación especialmente cercana con Leona, y la razón era solo una: porque ella era la hija de los Hernández. Jimena sentía que solo las personas con ese tipo de abolengo familiar eran dignas de su amistad.
—¡Leona, te ves tan hermosa hoy! ¡Incluso trajiste un regalo, eres demasiado amable! — Jimena saludó a Leona con una sonrisa radiante en la puerta, con un suave apretón de manos, como si fuesen un par de íntimas amigas.
—¡Jimena! ¡Te extrañé mucho! ¡Te ves aún más bella qu