Clara estaba parada en el centro de la vacía sala de estar, con la habitación en completo silencio. Buscando a tientas, encendió la luz y su voz era urgente y ronca: —¿Hermano? ¿Estás ahí?
En ese momento, se escuchó una voz tenue que venía desde la habitación.
Clara se puso alerta, corriendo rápidamente hacia allí mientras gritaba: —¡Hermano mayor! ¿Cómo estás? ¿Dónde te duele?
—...Clara. no te acerques... —la voz temblorosa de Diego se escuchó, con jadeos fuertes y pesados.
—¡Diego! ¿Qué te pas