Se abalanzó sobre ellas, agarrando un pelo de cada una con tal fuerza que les parecía que les arrancaría todo el cuero cabelludo.
Luisana, sin muchas palabras, pero con toda su terrible ferocidad, hizo que las dos cabezas llenas de pensamientos maliciosos chocaran con gran violencia.
Jimena y Leona se desplomaron al instante como dos gallinas muertas, cayendo estrepitosamente al suelo en un golpe sordo.
El pecho de Luisana se hinchaba con gran odio y dolor.
No es que no quisiera matar, sino que