Cada momento de intimidad con Rodrigo dejaba a Noa loca de excitación. Sus manos se aferraban fuertemente, dejando grandes marcas rojas en la espalda sudorosa de Rodrigo.
—¿Cuál debería elegir? — preguntó Rodrigo, sosteniéndola con firmeza en sus brazos mientras estaba rendida frente al gran armario, sus besos mojados y ardientes acariciaban sutilmente sus mejillas ruborizadas. Su voz era grave y llena de burla.
—Todos estos vestidos son bonitos—respondió Noa, apoyándose en su pecho sudoroso, ap