Una voz débil y ronca sonó detrás de ellos. Los dos se dieron la vuelta rápidamente y vieron a Luisana, al final del pasillo, apoyándose lentamente en un bastón de madera, cojeando y avanzando hacia ellos con gran dificultad.
Los ojos de Rodrigo se contrajeron repentinamente, su sangre parecía congelarse en ese momento. Apenas podía creer lo que veía.
—Luisana, ¿qué te pasó en la pierna? — Mario estaba tan asustado que se puso pálido al instante, corrió hacia ella y la sostuvo por los hombros mi