Luisana lanzó una afilada mirada llena de fría determinación, levantó bruscamente la mano y apuntó directamente con el oscuro cañón de su pistola hacia el hombre que irrumpió en la habitación.
En el instante en que estaba a punto de jalar del gatillo, el hombre se movió veloz como un rayo, le dio una fuerte patada giratoria y desvió con fuerza la pistola de sus manos, causando que un sudor frío perlara su frente.
Sin tiempo alguno para recuperar el aliento, Luisana agarró un cuchillo de frutas d