Javier y Arturo se retiraron de inmediato y cerraron la puerta, brindándoles espacio para hablar.
—Teófilo—susurró Clara.
De repente, no sabía qué decir. Ya sea consolarlo o discutir sobre su hermano mayor, todo parecía en ese momento tan inoportuno.
Unos segundos de silencio se extendieron, pero se sintieron como una eternidad.
—Lo siento, Clara. Teófilo no pudo levantar la cabeza, y las gotas de sudor recorrían su delicado rostro.
Clara negó con la cabeza, consolándolo suavemente: —Teófilo, e