La puerta se abrió.
Rodrigo entró rápidamente, como si temiera que Clara pudiera cambiar de opinión.
—Vaya, visitar tu casa no fue nada fácil, el precio de la entrada es bastante alto.
En ese momento, a la luz de las lámparas, vio a Clara con su bata ajustada alrededor de su hermosa figura, con una cintura delgada y un rostro hermoso que despertaba el deseo en cualquiera.
Aarón frunció el ceño y habló con frialdad: —Señor Rodríguez, tus miradas son demasiado inapropiadas.
Rodrigo respondió con u