Alejandro, lleno de alegría en su interior, sentía un profundo pesar—Señora Leticia, usted es familia de Clara, también es mi familia. Puedo sacrificar mi dignidad, pero no puedo soportar verte sufrir injustamente.
Estas sinceras palabras hicieron que las lágrimas afloraran instantáneamente en los ojos de Clara. Abrió sus brazos delicados y lo abrazó con gran fuerza y ternura.
Leticia sintió apretada la garganta, incapaz de expresar sus sentimientos. Con un gran esfuerzo, esbozó una débil sonris