—¡Rodrigo! ¿Te has vuelto loco? ¿Qué estás diciendo? — Isabella temblaba de rabia.
Mateo y Rodrigo se miraron fijamente, la tensión en el aire era palpable, como la fuerte calma antes de la tormenta.
Lo que más temía finalmente sucedió: este muchacho cada vez se volvía más fuerte, mostrando así, un claro deseo de asumir el control total.
Rodrigo estaba en la cúspide de su juventud y ya tenía la mayoría de las acciones en sus manos. Pero Mateo había perdido la resolución firme que tenía en el pas