Observó cómo el hombre se alejaba hasta que las luces traseras del automóvil se perdieron de vista antes de apartar la mirada.
Luisana sutilmente se acercó a ella. —Señora.
—¿Hmm? — Noa la miró.
—Gracias por hablar por mí hoy, gracias— Luisana, con mil pensamientos en su mente, no pudo evitar que se le llenaran los ojos de lágrimas.
Habiendo seguido a Rodrigo desde su adolescencia, desde ser una criada a convertirse en su secretaria y guardaespaldas, había sido entrenada rigurosamente y había pa