—¡Mira lo que ha hecho! Si tan solo pudiera tener un poco más de paciencia, si tan solo pudiera considerarla un poco más.
—Rodrigo, no te apresures, tómalo con completa calma—lo consoló Luisana en voz muy baja. Se dio la vuelta para irse, pero fue abruptamente abrazada por Noa desde atrás, lloriqueando con la voz entrecortada: —¡Luisana! ¡No te vayas! ¡No te vayas!
—Señora, no tenga miedo, no es otra persona, es el joven señor—apresuradamente la tranquilizó Luisana.
—No te vayas, por favor.
—Bie