No fue que él dejara de odiar a Ema, ni que minimizara el dolor que su madre había sufrido. Más bien, algunas hostilidades, cuando son llevadas al extremo, no solo lo sumergen a uno mismo en la miseria, sino que también hacen infelices a quienes están cerca.
Clara afirmó con la cabeza mientras canturreaba una melodía, suspiró y dijo: —Rodrigo, sé que eres hermano de Alejandro, pero ahora tienes a Noa. Ustedes dos forman una familia, ¿podrías ponerla en primer lugar la próxima vez? No siempre pie