—¿De verdad?
El corazón de Víctor dio un vuelco, girándose bruscamente.
Noa estaba detrás de él, apareciendo de la nada. Miraba tímidamente hacia abajo, sosteniendo firmemente un pequeño oso de peluche marrón en sus brazos.
La expresión de la muchacha era simplemente encantadora.
Víctor, con una mirada ligeramente profunda, sonrió suavemente. —Por supuesto, estoy hablando en serio. ¿Lo dibujaste tú?
—Sí— Noa asintió con la cabeza.
—Debió haber tomado mucho esfuerzo, invertiste muchas emociones y