Ahora, al decirlo, solo estaría atrayendo odio hacia Alejandro, seguro de que la familia García padre e hijo vendría a buscarle problemas.
—¡Dios mío! — Julio estaba tan emocionado que hablaba consigo mismo, pero seguía sintiéndose aterrorizado.
—¿Impotente? ¿Cómo puede ser mi hijo un impotente? — Simón sintió como si le golpearan la cabeza al escuchar las palabras de Julio. Odiaba tanto a Julio que su rostro se inflamó de un morado profundo. —¡Julio! ¿Qué quisiste decir con eso? ¿Qué dijiste ha